La ambición de Hong Kong de convertirse en un centro global de activos digitales es incuestionable. Los esfuerzos del gobierno para fomentar un ecosistema propicio para los activos digitales han tenido como objetivo seguir siendo competitivos en el escenario financiero internacional. Sin embargo, el reciente escándalo de JPEX, un intercambio de criptomonedas con sede en Hong Kong, ha agitado las aguas del sector de las criptomonedas en desarrollo.
A mediados de septiembre, JPEX introdujo tarifas de retiro altísimas, impidiendo a los usuarios acceder a sus fondos, lo que resultó en una pérdida monetaria que se estima superó los mil millones de dólares de Hong Kong (127 millones de dólares estadounidenses). El incidente desencadenó una investigación policial y dañó la percepción del público sobre las criptomonedas.