Conviértete en rentable.

Imprime dinero.

Reinviértelo con sabiduría.

Construye activos reales y duraderos.

Luego enséñale a otros cómo lo hiciste.

Ese último paso importa más de lo que la mayoría de la gente entiende.

El conocimiento acumulado muere contigo. El conocimiento compartido se multiplica. Cuando ayudas a otros a mejorar, no estás perdiendo ventaja, estás ampliando tu impacto. Creas alineación, confianza y una red que crece contigo en lugar de contra ti.

El dinero es una herramienta, no la meta final. Lo que haces con él una vez lo tienes es lo que define el resultado. Convertir la ganancia en propósito es lo que separa a los ganadores a corto plazo de las personas que realmente construyen algo significativo.

Bendecir a otros no te debilita. Compensa tu posición de formas que los gráficos no pueden medir. Y generalmente es entonces cuando empiezan a abrirse puertas que la lógica sola no puede explicar.

Primero, hazlo bien.

Luego, hazlo bien.